Julia Saturnina: madre o matrona emeritense

Las piezas nos cuentan

Julia Saturnina: madre o matrona emeritense

En el Siglo XVII, y más concretamente en 1608, apareció en Mérida un interesante monumento funerario, consistente más específicamente en uno de esos bloques de mármol, tan propios de la antigua urbe romana, en los que se combinan la función de la estela, para marcar la sepultura del difunto, con la de altar, para depositarle ofrendas al mismo. Tras su hallazgo, el erudito y por aquel entonces edil de la ciudad, Bernabé Moreno de Vargas, no sólo la leyó y publicó en su libro sobre la historia de Mérida, sino que ademas, procedió a trasladarla a su vivienda, donde pudo conservarse durante el tiempo suficiente como para que pasara a ingresar en los fondos del Museo Arqueológico de Mérida, antes de 1910.

El apasionante devenir de la pieza motivó su inclusión el pasado año en la parte de la exposición del 175 aniversario del Museo dedicada a su trayectoria a través de sus colecciones. Pero no menos interesante que éste se muestra lo que su texto dice, y su enigmática relación con lo que al dorso de la misma se representa. Aquel comienza por exponernos con claridad el nombre de la persona enterrada bajo el monumento: Julia Saturnina. Acto seguido nos dice la edad a la que murió: 45 años. Y a continuación, como también suele ser habitual, se enumeran virtudes o datos asociados al difunto. Se nos dice
que es una mujer incomparable, y también que es una mujer santísima. Pero entre una alusión y otra, justo en lo mas interesante, es donde mas dañada está la pieza: se habla de algo en lo que Julia resulta “óptima”.

Moreno de Vargas, en este punto, al parecer leyó con facilidad el termino medica, y salvo contadas excepciones, en que se ha ofrecido como dudosa alternativa la palabra “madre”, tal suele ser la interpretación establecida para la palabra borrosa. De ser así, estaríamos ante un raro testimonio: el de una mujer médico en época romana. Pero la explicación no es tan liberal como parece, pudiendo dar en la clave de ésta la representación de un niño fajado en pañales presente en el dorso de la pieza: en Roma, tal y como recuerda el poeta Marcial, el tabú del sexo obligó a que, en cuestiones ginecológicas y de asistencia a partos, interviniesen mujeres en lugar de hombres. Es por ello que Julia pudo consistir muy
posiblemente en una verdadera antecesora de las matronas actuales, a cuya encomiable labor queremos rendir tributo con estas líneas.

Para saber más
GARCÍA IGLESIAS, L: las inscripciones romanas de Augusta Emerita. Tesis Doctoral. Madrid, 1973.

R.S.